Un día de búsqueda, paciencia y lectura del paisaje en uno de los lugares con mayor concentración de pumas de Sudamérica. Así fue la experiencia de nuestro equipo de Rastreo de Pumas en Torres del Paine, siguiendo las pistas de este enigmático felino.
Pocas veces el Parque se había revelado con tanta claridad. Ni una sola nube cubría las montañas en el horizonte hacia el que nos dirigíamos. Un privilegio que solo aumentó la emoción a medida que nos acercábamos al punto de partida de la aventura del día: el Rastreo de Pumas. Una señal prometedora para lo que esperábamos fuera un día exitoso.
Esta actividad te lleva al Parque Nacional Torres del Paine con un objetivo claro: rastrear y observar al felino más grande de Sudamérica.

Si estás pensando en sumarte a una experiencia de Rastreo de Pumas con Chile Nativo, hay dos formas de vivirla. La primera es reservar el programa completo, que incluye dos días de búsqueda y alojamiento en nuestro Riverside Camp, aumentando significativamente las posibilidades de un encuentro. La segunda opción es agregar uno o más días de Rastreo de Pumas como extensión de otro programa, lo que te permite complementar tu itinerario con tiempo dedicado exclusivamente a la búsqueda de pumas.
Dependiendo del tamaño del grupo y de las necesidades o intereses de los viajeros, la actividad puede realizarse en una van, donde el grupo comparte el trayecto, intercambia información y vive la búsqueda en conjunto, o directamente en el vehículo del rastreador, lo que permite una dinámica de rastreo y observación más focalizada.
En esta ocasión, partimos desde Puerto Natales a las 6:00 AM hacia el Parque Nacional Torres del Paine.
Aún a oscuras, nuestro guía Miguel nos introdujo en la lógica detrás de la actividad: a qué prestar atención, cómo comportarse y qué señales del paisaje debíamos aprender a interpretar.
Años de experiencia lo han convertido en un rastreador experto, con una larga trayectoria no solo en la Patagonia, sino también en diferentes partes del mundo. Durante el viaje nos explicó algo fundamental: en la naturaleza, todo comunica.
Desde el canto de las aves, las huellas en la tierra y el vuelo de los cóndores, hasta el comportamiento del guanaco, cada señal puede revelar algo.
La conversación nos mantuvo atentos durante las dos horas de viaje. Cuando empezaba a amanecer, llegamos al parque. Un cielo despejado pintaba las montañas con tonos azules, amarillos y violetas, revelando un paisaje tan vasto como silencioso. La estepa patagónica enmarcaba los largos caminos, transmitiendo una sensación de libertad y desconexión que solo la Patagonia puede ofrecer.
Los avistamientos de pumas en Torres del Paine son, en general, más frecuentes que en muchas otras partes del mundo. La concentración de estos felinos en el parque se encuentra entre las más altas de Sudamérica y, junto con la abundancia de guanacos (su principal presa) y las sólidas políticas de protección de la fauna silvestre, ha permitido que la población se mantenga estable.

Por esta razón, al ingresar al parque, la primera regla es simple: bajar la velocidad y respetar el entorno.
Zorros, guanacos, armadillos e incluso pumas pueden cruzar el camino en cualquier momento, y es nuestra responsabilidad protegerlos.
Ingresar al parque también cambia la dinámica dentro del vehículo. Conducimos más despacio y nos mantenemos atentos a cada señal en el paisaje. Los guías se comunican constantemente por radio, compartiendo información que podría ayudar a localizar un puma.
En ese sentido, la búsqueda es también un esfuerzo colaborativo entre rastreadores: intercambiar información, leer el paisaje, detenerse y observar. Este proceso puede tomar horas, incluso días, lo que hace de la paciencia una parte esencial de la experiencia.
Comenzamos la búsqueda cerca del sector de Laguna Amarga, el último lugar donde se había visto un puma el día anterior.
Allí, Miguel también nos explicó algunos aspectos técnicos del uso de binoculares y de la toma de fotografías. Este programa tiene un fuerte enfoque fotográfico: lentes, baterías, adaptadores y diversos accesorios están disponibles para ayudar a capturar el momento del avistamiento. Desde allí comenzamos nuestro primer escaneo de los alrededores, prestando mucha atención al comportamiento de los guanacos.
Nada.
Durante casi una hora avanzamos sin señales claras: los guanacos estaban tranquilos, no había cóndores volando por encima y el paisaje permanecía en calma.
Tras intercambiar información con otros rastreadores, llegó la primera pista: se había visto a un grupo de pumas alimentándose en las colinas cercanas. Eso significaba que, después de comer, probablemente descenderían en busca de agua o comenzarían a dispersarse.
Continuamos la búsqueda con renovada esperanza.
Pero durante otra hora, no apareció nada. Todos parecían haber perdido el rastro, y lo único que quedaba era esperar. Entonces llegó la segunda alerta: se había visto a una hembra descender de la colina sola, aparentemente separada del grupo. Identificamos la dirección y nos dirigimos hacia la zona con creciente expectación.
Pero la emoción no podía hacernos apresurar. En el rastreo, la paciencia sigue siendo la clave.
Llegamos al punto indicado… y nada.
Continuamos por el camino hasta que decidimos dar la vuelta y regresar al lugar donde creíamos que podría aparecer. Y entonces sucedió.
En perfecta sincronía, vimos a una hembra de puma descender lentamente por la ladera de la colina.
La emoción es difícil de describir. Incluso si has visto uno antes, su presencia es hipnótica. Elegante, silenciosa, completamente a gusto en el paisaje.
Pudimos observarla desde el vehículo y, con mucho cuidado y distancia, bajarnos para tomar algunas fotografías manteniéndonos siempre al lado del auto. Se trataba de una hembra muy conocida llamada Escarcha, bautizada así por su pelaje grisáceo.
Caminó lentamente mientras todos permanecíamos en silencio. El avistamiento duró solo unos minutos, pero se sintió mucho más largo.
Finalmente, Escarcha se acostó a descansar entre los pastos. Decidimos esperar a distancia por si volvía a moverse. Mientras tanto, el mate, el café, los snacks compartidos y las largas conversaciones acompañaron las horas al costado del camino.
Escarcha siguió durmiendo.
Un par de horas más tarde, emprendimos el regreso, felices.
Desde 2025, se ha actualizado el protocolo de observación de pumas en el Parque Nacional Torres del Paine, incorporando nuevos lineamientos para garantizar encuentros responsables y seguros tanto para los visitantes como para la fauna silvestre.
Estas medidas buscan minimizar el impacto humano sobre los pumas y su entorno, permitiendo que la observación de la fauna silvestre se realice de manera ética y sostenible. Entre los principios más importantes están mantener una distancia segura durante los avistamientos, evitar bloquear las rutas de movimiento natural del animal, minimizar el ruido y limitar el tiempo de observación si el comportamiento del puma comienza a cambiar.
El protocolo también refuerza la importancia de no perseguir ni rodear nunca al animal y de mantener siempre el control del grupo. Los guías y rastreadores juegan un papel clave en este proceso, ya que interpretan el comportamiento del puma y determinan cuándo es adecuado observar, acercarse o alejarse.
Otro aspecto fundamental es la coordinación entre guías y rastreadores dentro del parque. El intercambio de información ayuda a evitar concentraciones excesivas de vehículos en una sola zona y permite que los avistamientos se realicen de manera organizada y respetuosa.
La experiencia de Rastreo de Pumas con Chile Nativo sigue estos protocolos y mejores prácticas, promoviendo una observación consciente de la fauna silvestre.
Más que buscar la fotografía perfecta, el objetivo es comprender el comportamiento del puma y valorar su rol dentro del ecosistema patagónico.
Porque, al final, solo podemos proteger lo que realmente conocemos.